Si os dijera que mi caligrafía es mala estaría siendo muy benévolo y poco objetivo, es algo que cualquiera que haya intentado leer algo escrito de mi puño y letra puede confirmar. Es un hecho que tengo asumido desde cuando siendo un niño me decían éso de que iba para médico. Y no ha sido por falta de práctica, anda que no habré escrito kilómetros y kilómetros tomando apuntes durante mis años de estudiante, pero no ha sido suficiente para que mi caligrafía sea algo de lo que pueda presumir. Con la llegada de las nuevas tecnologías el escribir utilizando un teclado ha sido una solución para este problema, ya que ahora tengo la certeza de que cualquier persona puede leer ésto que escribo sin tener que ejercitar su imaginación para tratar de descifrar mis palabras en base a mis trazos y el contexto. Pero por otro lado también ha contribuido a que cada vez que escribo algo a mano me dé cuenta que aún tenía margen para hacerlo peor, lo cual no deja de sorprenderme. Es paradójico que la misma tecnología que ayuda a solucionar un problema al mismo tiempo esté pudiendo agravarlo.

Ya no quiero ni imaginar el resultado si tuviera que escribir con una pluma como la de la foto en lugar de con un boli, y no lo digo por las dimensiones de la pluma. No se me ocurría una imagen más adecuada para acompañar mis legibles palabras digitales, una pluma en una ciudad de tanta tradición literaria como es Salamanca.

  • Apertura: F7.1
  • Velocidad de obturación: 1/200 s
  • ISO: 400

 

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