Sólo hay que ver la foto para apreciar el desgaste de las cuerdas de mi raqueta de bádminton, la segunda que he tenido y que me ha acompañado incansable en multitud de partidos. También recuerdo la primera que tuve, de hecho creo que todavía la conservo, pero esa no ha sido tan especial como la que os muestro en esta foto. Esas cuerdas tan desgastadas a día de hoy siguen acercándose al día de su rotura, día que empiezo a creer que nunca va a llegar pero no por su estado, sino porque ha llegado otra a ocupar su lugar, una más joven y con las cuerdas más tensas. La que veis en la foto me ha acompañado desde mis tiempos de instituto, aunque pueda parecer imposible que en tantos años no se haya roto una cuerda es cierto, la razón es que he estado sin usarla los últimos 20 años, vamos, que hace 20 años esas cuerdas tenían aproximadamente el mismo aspecto, por ellas no ha pasado el tiempo, aunque por entonces dudo mucho que hubiera sido capaz de fotografiarlas de este modo. Corrijo, no hubiera sido capaz de hacer esta foto ni de lejos, bueno, mejor ni de cerca. Por entonces ni se me hubiera pasado por la cabeza intentar fotografiar algo así con mi cámara analógica compacta de entonces.

Pero de esa cámara os hablaré otro día, ésa será otra historia, hoy es el día de hacer este pequeño homenaje al esfuerzo, a la dedicación, y al desgaste que éstos producen con el paso del tiempo, en el ámbito que sea. Esas cuerdas al límite de la ruptura son un ejemplo de ese desgaste, de esa entrega y ese esfuerzo que al final tienen su recompensa, de esa incansable actividad y esa fuerza inagotable que a pesar la ruptura de sus fibras las sigue manteniendo unidas.

  • Apertura: F11
  • Velocidad de obturación: 10 s
  • ISO: 100

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